Se acabaron los eufemismos. Se terminó el tiempo. Incluso, el combustible ya no alcanza. Prendo el último cigarro en la cajetilla y arrojo esta última a un costado del camino. La exhalación final de humo.
He aquí que he venido a inmolarme con la tristeza y el olvido. Ya no hay más que decir, ni que recordar. Ya no hay más cuaderno de notas. No más telarañas bipolares.
10 de diciembre de 2010
A la deriva.
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