12 de mayo de 2009

Filosofía Bioquímica II

Cuando oímos hablar de las estrellas en algún documental o en la noche vacía de nubes vigilamos los miles de cuerpos luminosos que pasan sobre nuestra cabeza, no podemos evitar los números elegantemente colosales. Al hablar de la edad del universo (13.73 ± 0.12 mil millones de años), de la tierra ( 4.5 mil millones de años), distancias entre las estrellas (millones de años luz, la distancia que recorre la luz en un año, 9.4605284 × 10^15 metros), o cualquier otra cantidad en el conjunto de ciencias cosmológicas, mencionamos números que nuestro cerebro no está acostumbrado a recibir. Podemos percibir quizá hasta los millones, sin embargo no existe una imagen mental que nos interprete estos números tan gigantescos, simplemente tenemos la cifra perdida entre otros conceptos que no son tangibles.

El mismo problema se presenta cuando hablamos de niveles microscópicos, no tenemos un simbolismo que nos haga referencia a otra proporción. Bien decía Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, por eso no abstraemos conceptos tan grandes o pequeños. Como ocurre adentro del hombre, existen cosas que tampoco se podían concebir hasta el uso del microscopio, como el hecho de estar formados de células. Antes de mirar a través de un lente, con el aumento suficiente para darnos a entender que trillones de componentes vivos forman cada parte de nuestro ser, no teníamos una teoría apropiada de la conformación de los animales y plantas. Como decía, no podemos concebir cantidades tan pequeños tampoco.

Incluso ahora, empezando a sumergirnos en el espacio celular, no sabemos cómo es que funcionan, se comunican, trabajan, transportan los bloques de la vida adentro de la célula.

Bonnie Bassler, quien trabaja en la Universidad de Princeton, mantiene una investigación continua (y una de las más interesantes a mi parecer) acerca de la comunicación intercelular que existe en las bacterias. A este tipo de comunicación lo han llamado "Quorum Sensing", algo así como percepción por quórum. Es gracias a este tipo de percepción que seres tan pequeños (que no podemos observar ni con el mayor esfuerzo de nuestra limitada vista) pueden enfermar e incluso matar a seres tan gigantescos como un animal, formado de trillones de células.

Dicho quórum bacteriano maneja la bioluminiscencia, secreción de factores virulentos, esporulación y conjugación. Por lo tanto el quorum sensing permite a las bacterias trabajar como organismos multicelulares. En el caso de la virulencia, por ejemplo, las bacterias no secretan toxinas muy temprano después del ingreso al huésped, porque el sistema inmune de éste limpiaría rápidamente a la bacteria invasora. En vez de esto, explica Bassler, las bacterias se cuentan a sí mismas y cuando alcanzan un número suficientemente alto, lanzan un ataque conjunto. Así es mucho más fácil conseguir romper el sistema inmune del huésped.

Ahora, ¿qué significa esto? Si existen organismos unicelulares que tienen la capacidad de comunicarse entre sí sin estar necesariamente unidos y trabajar como un sólo ser masivo, ¿qué tan estrecha ha de ser la conexión entre los diferentes tipos de células que existen en un ser macroscópico, digamos un humano? Incluso llevándolo más allá: ¿Qué clase de conexiones neuronales y patrones de comunicación llevan al cerebro del Homo Sapiens a la autoconciencia, a la creación de lo que llamamos mente?

Stumble Upon Toolbar

2 Click AQUI para opinar:

  1. y también de niveles superiores y considerar planetas y universos.

    ResponderSuprimir
  2. Woooo me quedé divagando...

    ResponderSuprimir

Qué opinas?

 
Creative Commons License
Telarañas Bipolares by Itzamna Angeles is licensed under a Creative Commons Attribution-Non-Commercial 2.5 Mexico License.