Hace unos años me mudé a un mundo pequeño, alejado de la Vía Láctea y todo su conglomerado de civilizaciones. La verdad es que ver tanta guerra o estar muy cerca de vecinos interplanetarios que hacen experimentos en plena órbita no es lo más seguro en el Universo.
Así que vendí todo lo que tenía, compré una nave interestelar a muy buen precio. Tiene equipo de teletransportación de hasta mil años luz. La gravedad artificial es algo deficiente y por eso ya tengo las piernas un poco más flacas. Pero no me puedo quejar por el precio que pagué.
Al principio pensé en irme a una esquina de la galaxia, pero incluso ahí llegaban tropas y la verdad no me gusta tratar con soldados. Tuve que matar a los últimos escuadrones que intentaron sacarme de la casa. Por eso mejor decidí irme algunas galaxias más lejos y quedé aquí en un conglomerado de cinco galaxias espirales.
Pude hacer trueque con casi todo lo que traje de valor. Sabía que ninguna moneda terrestre valdría mucho, así que traje oro. Lo cual resultó una pérdida de tiempo porque es muy abundante en este planeta. De hecho los cimientos de la casa tienen que ser de oro. Debí haber traído más cables de cobre, porque eso estoy vendiendo ya que es muy escaso y necesario para hacer las semillas de todos los edificios. Estoy cambiando todo el cableado de la nave por oro para poder aprovechar lo más que se pueda.
Lo que me resulta fascinante es cómo se producen los edificios en este lugar. Todo está hecho con tecnología genética. Las casas habitación y todo tipo de estructuras se siembran, no se construyen. Se necesita primero tratar el piso con ciertos nutrientes para que vaya autoconstruyéndose y resulta que el oro es tan abundante que conforma hasta la mitad de la masa de las ciudades. Los edificios de departamentos y los fraccionamientos son iguales que en casa, iguales entre sí y en fila, aunque aquí literalmente surgen de la tierra.
Después, se tienen que plantar las semillas programadas, que también necesitan algunas sustancias para lo que se podría llamar su material genético. Está tan avanzada la programación a nivel molecular que las casas no sólo son edificios comunes, sino que están habilitados para hacer fotosíntesis y generar toda la energía necesaria para el hogar. Los electrodomésticos son como frutas que crecen en el interior y plantas comestibles también maduran para alimentar a los habitantes.
El único precio que tengo que pagar es vivir en una burbuja la totalidad del tiempo. El aire del planeta es inservible para mi, está lleno de CO2 por lo que tengo que usar traje en la calle a todas horas. Las personas del planeta, aunque son de forma muy similar a la nuestra, son de un color azul muy pálido y están adaptados a la atmósfera. Mandé a fabricar la casa con las especificaciones de plantas que generen oxígeno, porque también sale exorbitantemente caro cuando lleno el tanque a presión. Extraño el contacto físico. Extraño la calidez en la piel de la gente.
4 de mayo de 2009
Casas vegetales
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Buen tema, quisiera diseñar el producto final de una de esas casitas...
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