22 de marzo de 2009

Adiós

Es muy extraño para mi decir adiós; sobre todo porque soy ateo. No es eso lo que me molesta, siempre lo digo con poca emoción, casi al punto de la ataraxia. Pero esta vez fue diferente. Te vi después de muchos días y no peleamos, ni discutimos, reímos, aunque menos de lo usual, vimos películas y comimos queso. Todo fue bueno ese día, pero más insípido.

Sé que mañana la voy a sentir. Es como una herida: al principio, sólo veo la sangre y me pregunto de dónde viene, busco su origen y al encontrarlo, no hay dolor. Tiempo después, cuando me aseo, toda la amargura acumulada se desprende junto con el coágulo cuando paso la lengua por encima.

No quise decir nada por cobarde. Pero, justo después del último beso sabía que, en lo profundo de tu garganta, morían asfixiadas las palabras "no te voy a volver a ver". No tenías que pronunciarlas, mi lengua las sintió, filosas y escondidas y se cortó muy en la superficie. Eso también arderá en un rato.

El último abrazo traicionó vilmente tu nostalgia adelantada. Fueron veinte segundos sin respirar. Diez fueron porque recordé una técnica siempre fallida de mi infancia en la que contenía el aire pensando que el tiempo se detendría. Nunca pasó. La segunda parte no ventilé porque tus extremidades comprimían demasiado mi tórax como para que yo respirara.

Al momento de soltarte, caí en un lugar oscuro, frío, excesivamente grande y tú ya no estabas ahí. Enfrente de mi tan sólo existía un cuerpo de carne vacío. Yo sé que ibas a alejarte. Que tus intenciones eran para buscar otra ratonera. Algo más grande y con más queso. Algo que yo no te podía dar. Ya estabas la mitad del cuerpo afuera, avanzaste un poco más y entonces cayó.

No sé si fue tu intención despedirte con tanto estruendo, o si de verdad tenías planes de regresar un día. Ya no tienes mucha opción. La palanca de la ratonera aplastó tu cuerpo como queso Filadelfia en tarde de primavera. En un rato barrerán lo que queda de ti y te dejarán reposando, para siempre, en una bolsa negra de plástico. Ni siquiera tuviste chance de probar el queso que estaba como trampa.

Ya no tiene sentido echarte de menos. Comeré un poco del queso que arruinó tu día y limpiaré tu sangre de mi cara. Después limpiaré tu recuerdo.

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